Hasta que llegó la policía
y sacó mi mano de tu pantalón
amor.
Para terminar esta noche enamorada.
Y salpicaron en la tela hirviendo
puntos blancos de esperma maravillosa y mía,
apagada abruptamente por una linterna.
Qué fecundidad de policías.
Una patrulla de la metropolitana
en una calle de un parque de piedra,
qué piedras duras…
-Señorita, súbase la falda-
- Sí, señor-
¿Cómo explican ustedes un acto tan deshonesto?
Deshonestos por los árboles,
y sus insignes estrellas,
por las cuales, señores policías,
aprendemos a matar pronto y sin razón.
Deshonestos los vigilantes
que resecan aullando,
gramas
que deben su azul acariciante.
¡la cédula, la otra!
chantaje de cinco bolívares.
Deshonesta naturaleza de concreto.
Amantes frustrados asidos a troncos
indiscretos.
Hasta que lleguen todos los policías
de la metropolitana
y se lleven a las parejas
para una cárcel de amor,
de esta ciudad millonaria
atravesada con parques de piedras.
Yo sé amor, hasta que llegue la policía
con su sirena,
a sacar mis manos de tu pantalón.
*
Cecilia Ortiz (San Casimiro, 1952)
——
Colaboración de
Eleonora Requena
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